Puro azar
Hoy os voy a contar una historia para que veáis cómo entiendo el azar en mis novelas, cómo intento transmitir ese azar - que no destino - que aprendí del maestro Auster en mis primeras lecturas, sobre todo del Cuaderno Rojo. Lo creáis o no, esta es una historia real:
El domingo terminé mi última lectura de Ishiguro, The remains of the day y después de una novela de Murakami y otra de Ishiguro, considerando que mis siguientes lecturas eran de los mismos autores - y que Jerusalem de Alan Moore tiene más de 1200 páginas - no me decido sobre qué empezar. Tengo ganas de hacer alguna reelectura, pero no me logro convencer a mí mismo sobre qué novela coger.
Hoy, voy con Noa e Iris a ayudar a mis padres a decorar su árbol de Navidad y las niñas están muy ilusionadas con ello. Cuando terminamos, mi padre me dice que ha encontrado dos ejemplares antiguos de la revista Interview que publicaba - en inglés - reseñas, noticias, etc. relacionadas con el mundo del arte.
Cuál ha sido mi sorpresa cuando, hojeándolas, en una de ellas, del mes de Abril de 1989, hay una reseña de la entonces nueva novela de Paul Auster, El Palacio de la Luna, la primera que me hizo entrar en el universo Auster y cambió mi percepción sobre lo que podía ser una novela en cuestiones de género y ritmo.
Ya tengo relectura! Y, además, llevaba demasiado tiempo aplazándola. Incluso he llegado a pensar: cómo no se me había ocurrido??!!
Y es que es así, de esta forma, cómo el azar dirige nuestras vidas. En ocasiones con nuestro permiso, y en otras sin él.
Para terminar con el tema del azar, incluyo una de las pequeñas historias que incluye Paul Auster en su Cuaderno rojo (Traducción de Justo Navarro):
En la misma línea, a pesar de abarcar un período de tiempo más corto (unos meses en lugar de veinte años), otro amigo, R., me habló de cierto libro inencontrable que había estado intentando localizar sin éxito, husmeando en librerías y catálogos en busca de una obra supuestamente excepcional que tenía muchas ganas de leer, y cómo, una tarde que paseaba por la ciudad, tomó un atajo a través de la Grand Central Station, subió la escalera que lleva a Vanderbilt Avenue, y descubrió a una joven apoyada en la baranda de mármol con un libro en la mano: el mismo libro que él había estado intentando localizar tan desesperadamente.
Aunque no es alguien que normalmente hable con desconocidos, R. estaba tan asombrado por la coincidencia que no se pudo callar.
- Lo crea o no - le dijo a la joven -, he buscado ese libro por todas partes.- Es estupendo - respondió la joven -. Acabo de terminar de leerlo.- ¿Sabe dónde podría encontrar otro ejemplar? - preguntó R. -. No puedo decirle cuánto significaría para mí.- Éste es suyo - respondió la mujer.- Pero es suyo - dijo R.- Era mío - dijo la mujer -, pero ya lo he acabado. He venido hoy aquí para dárselo.
Por si a alguien le interesa, acabo de recuperar el enlace al reportajke que la revista ICON dedicó al cierre definitivo de la revista Interview: https://elpais.com/elpais/2018/05/22/icon/1526976571_981587.html
Hasta pronto!
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